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Alemania sorprendió con una prueba a gran escala de la semana laboral de cuatro días. En total, 45 empresas participaron del ensayo, que implicó reducir la jornada a 37 horas y media semanales, equivalente a trabajar cuatro días en lugar de cinco.
El esquema contempló una condición central: mantener la productividad intacta. El modelo proponía trabajar el 80% del tiempo, pero cobrar el 100% del salario, siempre que el rendimiento no bajara.
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