Argentina se posiciona como uno de los países con mayor consumo de helado en el mundo. En la ciudad este proyecto familiar logró dar un giro innovador al sabor del helado artesanal.
Ubicada en Hipólito Yrigoyen 1.490, a pasos de la plaza Sargento Cabral, Mantecatto helados artesanales, se distingue desde la vereda por su estética en rosa pastel y azul. Detrás del mostrador y en el laboratorio de sabores se encuentran tres hermanos que, a fines de 2023, decidieron transformar la antigua casa de su abuela en un proyecto gastronómico de vanguardia.
IDENTIDAD
«Decidimos estudiar en Afadhya, en Buenos Aires, para poder elaborar nuestros propios helados. Fue la decisión más correcta porque nos permite escoger la calidad del producto final», recordó Matías Ruíz, maestro heladero y uno de los socios fundadores, en diálogo con el diario EL LIBERTADOR.
La chispa del negocio surgió de una observación del mercado local: «Notábamos que todas las heladerías eran muy parecidas, la carta de sabores no variaba mucho entre lo clásico y lo conocido. Ahí surgió la idea de otorgar sabores diferentes a los que el cliente está acostumbrado».
Antes de abrir, los hermanos evaluaron la posibilidad de una franquicia, pero los altos costos y las limitaciones creativas los impulsaron a crear una marca propia. Con el asesoramiento de un primo también heladero, quien ofició de mentor, lanzaron Mantecatto, nombre que proviene de la expresión italiana referida al proceso de batido enérgico que otorga la cremosidad característica al helado artesanal.




GOLOSINA
La gran apuesta de Mantecatto fue trasladar el mundo de las golosinas al mostrador. «Buscamos traer sabores conocidos como el alfajor, el Kinder, el Bonobón o los caramelos Fizz de uva. Algo que la gente consume en el quiosco y que ahora puede tener en una crema helada», explicó Matías.
Uno de los hitos de la marca fue el sabor de Palito de la Selva, que se volvió viral incluso antes de la inauguración. Tras un video en redes sociales, la cuenta de Instagram de la heladería explotó con cuatro mil seguidores en una noche, y el día de la apertura las filas rodeaban la cuadra para probar el nostálgico sabor del caramelo masticable.
ENCUENTRO
Más allá de las recetas y la producción, lo que Matías más valora de este presente es el reencuentro con el trato directo. Tras años de trabajar bajo la modalidad virtual en una consultora durante la pandemia, el encierro terminó por pesarle.
«De chico me preguntaban qué quería ser de grande y yo decía que almacenero, me gustaba ir y pasar tiempo en el almacén de mi barrio, era un lugar que estaba muy bueno», confiesó con una sonrisa.
Ese deseo de cercanía encontró su lugar en la heladería: «Disfruto mucho el horario de la mañana y la siesta, cuando el ritmo es más tranquilo y me permite conversar con el cliente que entra, poner música y salir de la computadora. Estoy muy agradecido con cada persona que nos elige; saber que vuelven porque recibieron la atención y el producto que buscaban es la mayor satisfacción de este proyecto».
La heladería se encuentra abierta de lunes a lunes de 11 a 1 de la madrugada y trabaja con promociones y delivery.
Innovación y calidad
La búsqueda de originalidad no se detiene en las golosinas. Mantecatto lanza entre uno y dos sabores nuevos cada mes. Recientemente, presentaron un helado de Rol de Canela en colaboración con el establecimiento Meso Taller de Pan. «Es una combinación única que surgió de unir dos propuestas que buscan innovar en la ciudad», destacó el emprendedor.
En su carta de 50 variedades, también han experimentado con opciones audaces como el helado de yerba mate o de cerveza. Sin embargo, la gran sorpresa regional es el sabor de mamón con queso. «Al principio no le tenía mucha fe, pero es uno de los de mayor rotación. El que lo prueba, lo adopta como favorito», confesó Ruíz.
DIFERENCIA
A pesar de la innovación, el respeto por la materia prima es absoluto. El chocolate se elabora con cacao ecuatoriano al 100 por ciento, las frutas son de estación y no utilizan esencias, conservantes ni colorantes artificiales. «El consumidor sabe diferenciar. Cuando prueban el nuestro, sienten la diferencia en calidad», afirmó Matías.
Para estos tres hermanos, que promedian los 30 años, el camino ha sido de aprendizaje intenso. Al principio, ellos mismos se encargaban de todo: desde la producción y la limpieza hasta la atención al público en un horario extendido de lunes a lunes. Hoy, con un equipo de cinco personas, han logrado consolidar un espacio con identidad propia dentro de la gastronomía correntina.
«Me gusta el contacto con la gente, charlar. Vengo de trabajar en consultoría de forma virtual durante la pandemia y me pesaba el encierro», cerró Matías, quien de niño soñaba con ser almacenero ante la pregunta de qué te gustaría ser cuando seas grande. Hoy, ese sueño se transformó en una heladería que, a punto de cumplir dos años este próximo 3 de abril, ya es un clásico moderno en la ciudad.
La entrada Cuando para emprender se piensa en endulzar el paladar correntino se publicó primero en Diario El Libertador de Corrientes.
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