Somos trabajadoras de la salud, no moneda de cambio para el escarnio público. Dedicamos nuestra vida a atender, y contener, con años de servicio y demostrada vocación. Repudiamos enérgicamente el ataque anónimo que se publicó en grupos de compraventa local, que agravia nuestro buen nombre y honor sin pruebas y desde la cobardía de un perfil falso.
La difamación anónima no es libertad de expresión, es cobardía digital. Los perfiles falsos existen para destruir sin dar la cara, y eso es algo que toda sociedad debe rechazar. En una era donde el anonimato digital parece dar «licencia para destruir», poner un límite legal y ético es fundamental, especialmente para quienes sostenemos el sistema de salud con esfuerzo diario.
Seremos claras y contundente: Negamos categóricamente los hechos que falsamente se nos endilgan en esa publicación de cuenta anónima. Es totalmente falso. La pregunta que aquí cabe es: ¿Por qué quien acusa se esconde tras un perfil falso y no da la cara con su nombre real y pruebas? El anonimato en estos casos busca evadir la responsabilidad legal por calumnias e injurias.
Nuestra predisposición se mide en pacientes escuchados, no en selfies sonrientes para desconocidos.
Esto ya está en manos de un prestigioso Estudio Jurídico, que representa nuestros intereses y la búsqueda de la verdad, y dimos expresas instrucciones que en caso de reiterarse estas difamaciones infundadas se remita el caudal de información falsa al Ministerio Publico Fiscal a fin de investigar a fondo esta clase de delito. La Justicia determinará la IP y la identidad de esta persona, y deberá responder por el daño causado.-
Recordemos que detrás de una pantalla hay personas de carne y hueso, con familia, hijos, seres queridos que también sufren este linchamiento público basado en una mentira y cobardía de esconderse detrás de un perfil falso.
Atte.
Miriam Alegre
Itatí López
Zulma Corbetta
María Ester Honorato




