San Isidro 2026: otro nuevo récord de público para muy poco espectáculo

junio 7, 2026

Paco Aguado

Madrid, 7 jun (EFE).- La feria taurina de San Isidro, ayer finalizada, ha vuelto a marcar este año un nuevo récord de asistencia de público, con más de 580.000 localidades vendidas para veintiséis festejos en los que, pese a las nueve, y casi todas «generosas» salidas a hombros de matadores, novilleros y rejoneadores, el global del espectáculo mantuvo un extendido tono de mediocridad.

En concreto, en esta edición se ha puesto en las taquillas de Las Ventas el cartel de «no hay billetes» hasta en diecisiete ocasiones, dos más que en la feria de 2025, lo que ha hecho que la media de ocupación de los tendidos -22.837 espectadores por tarde- ascendiera hasta a un 93 por ciento, en una afluencia de público sin precedentes en la historia del abono isidril.

Pero más allá del gran éxito económico alcanzado por la empresa Plaza-1, al que habría que añadir la gran rentabilidad de los bares de la plaza y los ingresos por las transmisiones televisivas a cargo de varias cadenas autonómicas -Telemadrid emitió la feria en su totalidad-, lo visto en el ruedo estuvo muy lejos de tanta expectación.

Diseñada de antemano con un buen número de carteles mediocres, la feria de 2026, casi como era previsible, ha dejado mucho que desear en el apartado artístico, más allá de las dieciséis orejas cortadas por los matadores de toros, las siete de los novilleros y las cinco de los rejoneadores.

Porque en ese apabullante balance de cifras cabe incluir también las del gran número de diestros, casi rozando la veintena, que no estuvieron a la altura de la cita más importante de la temporada española, la mayoría con una larga trayectoria en el escalafón y más que rentabilizados, pero que, al ser dirigidos por las propias empresas y estar presentes en todas las ferias, están formando un tapón que impide la necesaria y urgente renovación del escalafón.

De entre este grupo, esta vez se salvó de la quema Alejandro Talavante, que la primera tarde, el 8 de mayo, protagonizó una inmerecida salida a hombros por una faena de menor calado a uno de los toros más destacados de la feria, un ejemplar de Núñez del Cuvillo que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

Y si la Puerta Grande se abrió en el inicio, también lo hizo al final, en la tarde de ayer, cuando, con otras dos orejas de un encastado «victorino», salió por ella el valenciano Román, que al haber obtenido, como Talavante, otro trofeo de poco peso en su otro paseíllo, se disputa con el extremeño al menos el honor de ser el triunfador del ciclo en lo «numérico».

Las otras tres salidas a hombros de matadores fueron las de Fernando Adrián el día de San Isidro -tan poco justificada que él mismo acabó por hacerla olvidar en sus dos actuaciones posteriores- y las de los veteranos Diego Urdiales, que el 28 de mayo se la ganó realizando el mejor toreo de la feria, y Antonio Ferrera, triunfador tres días después en una tarde en la que mostró dos caras muy distintas de su tauromaquia.

Más regularidad en el éxito lograron los novilleros, pues la puerta hacia la calle de Alcalá se abrió en cada una de las tres novilladas del abono, para Álvaro Serrano, Julio Norte y Julio Méndez, con sendas orejas a cada uno de los utreros de sus lotes. Ellos se llevaron unos honores en los que hay que incluir además al catalán Mario Vilau, con un trofeo a cambio de una cornada grave, y al mexicano Rafael Osornio, que mostró su calidad pese a no contar con astados propicios.

Por su parte, en el capítulo de rejones fue Diego Ventura quien en la segunda de sus dos actuaciones logró salir a hombros de Las Ventas por vigésima ocasión en su carrera, marcando de nuevo una amplia distancia con el resto de sus compañeros, pero sin que en ambas corridas de la especialidad llegara a alcanzarse el habitual entusiasmo que generan entre un público muy específico.

Dejando a un lado las salidas triunfales y más allá de los trofeos, además de las de los veteranos Daniel Luque, muy por encima de sus lotes, y Fortes, valeroso y también herido, la labores más esperanzadoras, aun sin triunfos redondos, vinieron de la mano de la nueva generación de matadores, con David de Miranda, Manuel Diosleguarde, Víctor Hernández, Jarocho, Ismael Martín y Clemente, que fue otro de los de luces que pasó por la enfermería.

Sólo que lo preocupante fue que los méritos de casi todos ellos pasaron prácticamente desapercibidos tanto para el triunfalista público de aluvión que trae esta moda y que año tras año muestra un más desnortado criterio taurino, como para muchos de los tenidos por «buenos aficionados», sumergidos en constantes protestas acerca de abstrusos conceptos sobre la pureza y la bravura que no les dejan ver el bosque.

Porque puestos a analizar el ganado que asomó por chiqueros, en esta feria se ha vuelto a mostrar, aun con el toro de más volumen de cuantos pastan en las ganaderías, el alto grado de bravura de la actualidad, al repetirse la misma media de una treintena de ejemplares destacados de las últimas ferias.

En ese sentido, especialmente señaladas fueron las corridas de Núñez del Cuvillo, Fuente Ymbro, Juan Pedro Domecq, Montalvo, Jandilla y Victorino Martín, además de astados sueltos de La Quinta, conde de Mayalde, El Torero, Adolfo Martín, José Escolar o Santiago Domecq, en un ciclo en el que varios encierros, sobre todo los que sobre el papel podían tener problemas de fuerzas, desarrollaron un extraño comportamiento ante los engaños…

Para seguir con los números, la parte negativa el ciclo ofreció un reducido total de doce astados devueltos a los corrales, pero mucho más preocupante, como señal casi siempre de la injustificada dilación de las faenas y del generalizado mal uso de los aceros, fue la exagerada cantidad de avisos que escucharon los matadores, que llegaron a 74, en una media de cuatro por tarde.

Fue así como se contribuyó a que fueran contados los festejos que no sobrepasaran las dos horas y media de duración, en un largo espectáculo de contado contenido artístico que, la mayoría de las tardes hace que San Isidro se haya convertido tras la pandemia en el gran negocio de la mediocridad, por mucha difusión y ruido mediático que lo acompañe. EFE

(foto)

NOTICIAS RELACIONADAS