El agente bonaerense Matías Alejandro Visgarra Riveros, imputado por el homicidio de Cristian Eduardo Pereyra, se negó a declarar durante su indagatoria ante el fiscal Carlos Adrián Arribas, a cargo de la UFI de Homicidios de La Matanza. El sospechoso permanece detenido desde el lunes y es, hasta el momento, el único acusado por el crimen ocurrido el sábado por la noche sobre la Autopista Presidente Perón, a la altura de Virrey del Pino.
Según la reconstrucción de los investigadores, Pereyra docente técnico de 39 años trabajaba como chofer de una aplicación de viajes cuando levantó a su último pasajero, quien resultó ser el propio Visgarra Riveros. Por motivos que aún se intentan esclarecer, el policía le disparó con su arma reglamentaria dentro del vehículo. La víctima murió casi en el acto.
De acuerdo a fuentes del caso, el imputado acumulaba deudas superiores a 1,7 millones de pesos entre créditos bancarios y billeteras virtuales. Sin embargo, durante su comparecencia judicial decidió no responder preguntas sobre el hecho.
Tras el ataque, el acusado habría conducido el automóvil de la víctima un Chevrolet Corsa gris oscuro hasta Ciudad Evita, donde lo abandonó cerca de las vías del tren Belgrano Sur. Luego, caminó hasta la base de la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI) de La Matanza, donde prestaba servicio.
El fiscal Arribas también mantuvo un encuentro con Brenda y Victoria, hermanas de la víctima, quienes pudieron interiorizarse sobre el avance de la causa. Si bien no aportaron nuevos datos, expresaron su dolor y exigieron justicia.
Pereyra trabajaba como docente en tres escuelas técnicas del distrito: la Técnica N° 2 de Ciudad Evita, la EEST N° 8 “Jorge Newbery” de Villa Luzuriaga y la Técnica N° 10 de Villa Madero. Para completar sus ingresos, realizaba viajes en una aplicación, especialmente en marzo, un mes en el que según explicaron sus familiares su situación económica se volvía más ajustada.
Además de su labor docente, era aficionado a la mecánica y tenía su propio taller. También participaba en eventos de automovilismo en el picódromo de La Matanza. Sus allegados lo describieron como un padre dedicado y una persona muy querida en su comunidad.
“Estamos destruidos, nos arruinaron la vida”, expresaron sus hermanas, quienes relataron el profundo impacto que causó el crimen en la familia. Pereyra vivía en Virrey del Pino junto a su pareja y su hija de tres años.
La investigación continúa para esclarecer las circunstancias del hecho, mientras el principal sospechoso permanece detenido y en silencio ante la Justicia.




